El castillo de Banfield que prometieron preservar y terminaron demoliendo: historia, traición y memoria de una joya arquitectónica irrecuperable
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La historia completa del Castillo de Larroque y Carlos Croce: su origen en el siglo XIX, las familias que lo habitaron, los usos que tuvo, la lucha vecinal que lo salvó en 2023 y la demolición que el municipio ejecutó en marzo de 2025, ignorando sus propias promesas.
El 19 de marzo de 2025, el vecino que fue a la esquina de Larroque y Carlos Croce a ver qué quedaba del castillo encontró lo que temía: una parcela vacía, tierra removida y escombros. El edificio que había sobrevivido más de un siglo, que había resistido el abandono, la humedad, el saqueo de sus cañerías y aberturas, que había inspirado leyendas, que había concentrado la lucha de cientos de vecinos y que el propio Municipio de Lomas de Zamora había prometido convertir en centro cultural, ya no estaba.
Lo que siguió fue el silencio de las autoridades y la indignación de quienes habían dado años de su vida para salvar esa esquina. Una historia de patrimonio, de promesas rotas y de la fragilidad de la memoria colectiva cuando el poder político decide mirar para otro lado.
🏰 La construcción: un misterio del siglo XIX
El Castillo de Larroque y Carlos Croce —también conocido como el palacete o petit hotel de Banfield— fue una de las pocas construcciones de su tipo que sobrevivieron en el partido de Lomas de Zamora hasta entrado el siglo XXI. Su origen es en sí mismo un misterio: nadie sabe con certeza cuándo fue construido ni quién lo encargó.
Lo que los historiadores lograron reconstruir es que la construcción fue escriturada por primera vez en 1906, por un hombre de apellido Pando, que habría sido su primer propietario registrado y habría habitado la casona desde ese año. Se estima que la edificación original data de fines del siglo XIX o de los primeros años del 1900, lo que la ubica en el período de mayor auge constructivo de la zona sur del Gran Buenos Aires, cuando las familias acomodadas de Buenos Aires elegían Banfield y sus alrededores para establecer sus residencias de campo.
El edificio ocupaba un cuarto de manzana en la esquina de las calles Larroque y Carlos Croce, en Banfield Oeste, a apenas cinco cuadras de la estación del Ferrocarril del Sud. Era de estilo ecléctico con influencias del art nouveau de principios del siglo XX: tres pisos, una cúpula característica en la esquina que se convirtió en su rasgo más reconocible, escaleras de mármol en el hall de entrada, columnas decorativas, habitaciones enormes con pisos de madera, techos altos, grandes ventanas que dejaban pasar la luz natural, y un parque que lo rodeaba con palmeras y vegetación abundante.
🔨 Antonio Pebiani: el constructor detrás de las iniciales
Uno de los hallazgos más valiosos de los años de investigación fue realizado por el arquitecto Luis Letizia, fundador de la Junta de Estudios Históricos y Ambientales de Banfield. En la puerta de entrada del castillo, Letizia observó las iniciales A. P. grabadas en la mampostería. Según su investigación, esas iniciales corresponderían al constructor Antonio Pebiani, un artesano y constructor de origen probablemente italiano que fue responsable de varias obras similares en el partido de Lomas de Zamora durante fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
El hallazgo cobra particular valor porque es prácticamente el único dato concreto sobre la autoría de la construcción. No se encontraron planos originales, ni registros de obra, ni documentación que permitiera establecer con certeza quién proyectó y construyó el palacete. Las iniciales en la puerta son la firma muda de un artesano que construyó para la eternidad algo que el poder político del siglo XXI destruyó en días.
El estilo arquitectónico del castillo era consistente con lo que se construía en esa época en la zona sur del GBA: residencias de clase alta o media alta, con fuerte influencia europea, pensadas para expresar estatus social y durabilidad. Algunas versiones históricas sugieren que la familia Sandford podría haber estado involucrada en el origen de la propiedad, con una posible venta posterior a Pebiani en 1906, pero la evidencia principal —las iniciales A.P. en la puerta— apunta a Pebiani como el responsable directo de la construcción. El uso de mármol en las escaleras, los pisos de madera en los pisos superiores y los detalles ornamentales en los accesos eran marcas de calidad que solo los constructores más capaces podían ejecutar con los materiales y técnicas de la época.
👨👩👧 Las familias y los usos: un siglo de historias
La historia del castillo después de su primer propietario es un relato fragmentado, reconstruido a través de testimonios de vecinos, registros parciales y deducciones históricas. Lo que se sabe con cierta certeza es que el inmueble pasó por muchas manos y tuvo usos muy diferentes a lo largo de sus más de cien años de existencia.
Tras la muerte de Pando, su esposa Teresa González de Pando habría terminado donando el lugar, aunque los detalles de esa transacción se perdieron en el tiempo. A lo largo de las décadas siguientes, el castillo tuvo al menos los siguientes usos documentados o testimoniados:
- Residencia familiar de élite — El uso original del edificio, como vivienda de una familia acomodada. La distribución interna del castillo lo confirma: hay un área claramente diferenciada para el personal de servicio, habitaciones familiares en el primer piso con baños propios, y un sótano y altillo con acceso a un mirador que solo tiene sentido en una residencia de categoría.
- La Casa del Niño — Entre los años 40 y 50, el edificio funcionó como asilo para huérfanos y guardería para familias de ambos padres trabajadores. Los miembros del Centro de Jubilados y Pensionados de Banfield Oeste recuerdan haber compartido clases en la Escuela N°15 con niños que venían de La Casa del Niño. Es uno de los usos mejor documentados a través de la memoria oral del barrio.
- Petit hotel para mujeres — En algún momento de su historia, el edificio funcionó como alojamiento de paso, específicamente orientado a mujeres.
- Sede de la Cruz Roja — Vecinos y documentación de la época dan cuenta de que en algún período del siglo XX el castillo fue sede de la Cruz Roja y funcionó como un centro de atención médica. Se encontraron diarios viejos que mencionaban este uso.
- Concentración del Club Atlético Huracán — Uno de los datos más sorprendentes y verificados de la historia del castillo es su vinculación con el fútbol argentino. El edificio perteneció en algún momento a Tomás Adolfo Ducó, el histórico dirigente del Club Atlético Huracán a quien el estadio del Globo en Parque Patricios lleva su nombre. Según el relato de los vecinos del barrio, Ducó traía a los jugadores del Huracán a concentrar en el castillo la noche previa a los partidos contra el Club Atlético Banfield. Una imagen difícil de olvidar: los "quemeros" de Parque Patricios durmiendo en el palacete de Banfield Oeste antes de jugar el clásico del sur.
- Parrilla y restaurante — En algún momento posterior, el predio funcionó como restaurante con parrilla. De esa etapa quedó un cartel en el patio con el precio de una porción de vacío a 5 pesos, un vestigio que los investigadores usaron para estimar la época: claramente los años 90, cuando ese precio era posible antes de la convertibilidad plena.
- Maderera y carpintería — En los años más recientes de su uso activo, el castillo fue ocupado por una empresa de muebles que usaba el patio para exponer sus productos y las habitaciones de los tres pisos como depósito, taller de corte, ensamblado y pintura. Esta ocupación dejó secuelas irreparables en los pisos originales de madera, las paredes y algunas aberturas.
- Bar nocturno — Durante un período breve, funcionó como bar nocturno, aunque según vecinos "no duró mucho".
En los años 90, según testimonios del barrio, el predio fue tomado por ocupantes y durante esa década se construyeron en el extenso parque canchas de fútbol y de tenis que subsistieron hasta el final. Esas canchas eran parte del predio pero pertenecían a propietarios diferentes al del castillo, lo que complicaría después los planes de restauración municipal.
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📢 2018: el cartel de venta que alarmó al barrio
La historia de la lucha vecinal comienza con un cartel. En septiembre de 2018, vecinos de Banfield Oeste vieron aparecer en la puerta del castillo el cartel de una inmobiliaria que ofrecía el predio en venta. Al consultar la publicación online, descubrieron algo alarmante: el inmueble no se ofrecía como propiedad histórica a restaurar, sino como lote para construcción. La zona permitía complejos de departamentos de hasta tres pisos, y los metros cuadrados del cuarto de manzana que ocupaba el castillo eran un negocio tentador para cualquier desarrollador inmobiliario.
La reacción vecinal fue inmediata. Se creó la página de Facebook "Salvemos al Castillo de Larroque y Carlos Croce", que rápidamente acumuló más de mil seguidores. Se organizaron juntas de firmas. Se presentaron notas al Municipio. La Junta de Estudios Históricos de Banfield se sumó a la campaña aportando croquis del edificio, fotografías históricas y documentación que respaldaba el valor patrimonial de la construcción. La organización vecinal Fuenteovejuna también se involucró.
En paralelo, se presentó una petición en Change.org que pedía al Municipio de Lomas de Zamora que protegiera el inmueble y lo pusiera en valor como espacio cultural y verde. Las firmas superaron las 1.000 en las primeras semanas.
El propietario del edificio en ese momento era Héctor Safatle, un pensionado y ex profesor de historia de 70 años, que había heredado la propiedad familiar —en poder de su familia desde hacía 70 años— y que, según sus propias palabras, había rechazado en varias oportunidades propuestas para venderlo con fines de demolición. "Hice lo imposible para no venderlo a quienes no quisieran mantenerlo", diría después Safatle.
Sin embargo, las cargas impositivas y el deterioro del edificio hacían insostenible el mantenimiento por cuenta propia. Safatle no podía costear una refacción y empezó a contemplar la posibilidad de venta. La presión vecinal y el activismo en redes sociales fueron lo que, paradójicamente, terminó cambiando el destino del castillo —al menos por un tiempo.
🤝 2023: el acuerdo que parecía salvarlo para siempre
El 15 de julio de 2023, la Secretaría de Cultura del Municipio de Lomas de Zamora anunció en sus redes sociales que el castillo sería puesto en valor y convertido en un centro cultural y espacio verde abierto a la comunidad. "Un patrimonio de nuestro municipio transformado en un lugar de encuentro, arte y cuidado para todos los vecinos", afirmó el municipio.
El anuncio formal del acuerdo llegó semanas después, con la firma de la intendenta interina Marina Lesci junto al entonces candidato a intendente Federico Otermín y el secretario de Cultura y Educación Matías Gasparrini. El acuerdo establecía un comodato por 35 años: Safatle cedía la propiedad mientras recibía un alquiler en pesos, y el Municipio se haría cargo de las refacciones y administraría el centro cultural y espacio verde.
Safatle lo explicó de manera contundente: "El acuerdo es lo más sencillo del mundo: ellos recuperan y revalorizan el castillo solamente si se usa para un centro cultural. Y así fue, yo no recibo dinero, sino que lo cedo para tal fin. Esta gestión no solamente me escuchó, sino que hizo todo para llegar al acuerdo."
El proyecto contemplaba clases abiertas de yoga, folklore, piano y violín. Si las condiciones lo permitían, un auditorio para un café literario, presentaciones de libros y shows musicales. Un equipo técnico del Municipio, junto con una empresa especializada en restauración de edificios históricos, realizó un relevamiento arquitectónico y estructural del castillo. La conclusión fue reveladora y es clave para entender lo que vino después: el edificio "se hallaba en muy buenas condiciones dadas las circunstancias" y "no iba a ser muy difícil ponerlo en valor". El deterioro no era relevante porque estructuralmente el edificio estaba conservado. No existía peligro de derrumbe.
Se estimó que la obra podría durar entre un año y medio y dos años. Se habló de instalar un ascensor externo para la accesibilidad, aprovechar el parque como plaza con juegos infantiles, restaurar los pisos y aberturas originales. El cartel anunciando el futuro centro cultural fue colocado en la esquina. Los vecinos que habían luchado durante años festejaron.
"Hice lo imposible para no venderlo a quienes no quisieran mantenerlo. Esta gestión no solamente me escuchó, sino que hizo todo para llegar al acuerdo." — Héctor Safatle, propietario del castillo, septiembre de 2023.
💥 2025: la traición y la demolición
Todo lo que había parecido una victoria terminó siendo una promesa rota. Entre el acuerdo de julio de 2023 y el inicio de las obras de demolición en febrero de 2025 pasaron muchas cosas. La más importante, en términos políticos, fue el escándalo que involucró al histórico intendente de Lomas de Zamora Martín Insaurralde con graves denuncias de corrupción, que sacudieron la estructura del peronismo lomense y cambiaron el escenario político del partido. En diciembre de 2023 asumió como nuevo intendente Federico Otermín, el mismo que había estado parado al lado de la intendenta Lesci cuando firmaron el acuerdo con Safatle.
En algún momento de 2024, el proyecto de restauración fue llevado ante la Comisión de Evaluación de Proyectos del Concejo Deliberante de Lomas de Zamora. Según establecía la Ordenanza 16.084, cualquier modificación, ampliación o demolición en edificaciones anteriores a 1960 debía ser evaluada por esa Comisión. La Comisión analizó el proyecto y —alegando un supuesto peligro de derrumbe— autorizó la demolición. La medida contó con el apoyo de los concejales del Partido Justicialista y de La Libertad Avanza. Solo el radicalismo y el ARI local se opusieron.
El argumento del peligro de derrumbe contrasta directamente con el relevamiento técnico realizado apenas dos años antes, que había concluido que el edificio estaba en buenas condiciones estructurales y no representaba riesgo. Nunca se explicó públicamente qué cambió entre ese estudio y la decisión de demoler.
Las primeras señales de lo que vendría llegaron el 24 de febrero de 2025: vecinos del barrio comenzaron a escuchar ruidos de obra y vieron camionetas que circulaban por la zona cargando partes de la cúpula del edificio. No había cartel de obra visible, no había número de expediente, no había ninguna comunicación oficial sobre qué estaba ocurriendo. Solo el ruido de algo que se desmontaba y se llevaba.
Cuando el escándalo estalló en redes sociales y medios locales, el Municipio finalmente reconoció que la demolición estaba autorizada. El cartel reglamentario y el expediente que al principio nadie veía aparecieron después, pero ya era tarde para detener las máquinas. Los concejales de la UCR, encabezados por Alejandro Trotta, presentaron un amparo judicial para intentar frenar las obras. No llegó a tiempo.
La segunda semana de marzo de 2025 fue el momento de mayor violencia simbólica: la cúpula —en buen estado de conservación— fue tirada abajo. Dentro del edificio, se prendieron fuego maderas para desestabilizar las estructuras internas y acelerar el proceso. Para el 19 de marzo de 2025, el castillo se había reducido a escombros. El lugar que había sobrevivido más de un siglo ya no existía.
📣 La resistencia vecinal: una semana de lucha
El 1 de marzo de 2025, artistas de distintas ramas —pintores, músicos, performers— se concentraron frente al castillo en una jornada artística de reflexión histórica y patrimonial organizada por el grupo "Salvemos al Castillo". Pintaron las vallas que rodeaban el edificio. Tocaron música. Leyeron textos. Fue un gesto de resistencia cultural ante lo que ya parecía inevitable.
El 5 de marzo de 2025, con la cúpula ya caída y las máquinas trabajando, un grupo de vecinos marchó hasta el Municipio de Lomas de Zamora durante la apertura de sesiones del Concejo Deliberante, donde estaba presente el intendente Otermín. Exigieron respuestas. Exigieron que se detuviera la obra. Fueron recibidos por Julieta Salom, directora del Centro de Gestión Municipal, única autoridad que habló públicamente sobre el tema.
Salom ofreció la explicación oficial: el edificio era propiedad privada y solo había sido alquilado por el Estado con fondos nacionales. Ese financiamiento, según explicó, fue interrumpido tras el cambio de gobierno nacional a fines de 2023. Sin los fondos, el proyecto de restauración quedó sin respaldo económico. La demolición era, según esta versión, la consecuencia inevitable de esa interrupción.
La explicación no convenció a los vecinos ni a los arquitectos e historiadores que habían trabajado durante años para salvar el castillo. El arquitecto Luis Letizia lo resumió con crudeza: "Estamos viendo cómo se demuele este chalet histórico. Los trabajos no tienen un cartel reglamentario, no está quién está a cargo de la demolición."
📋 El decreto 133 y la rescisión silenciosa
Antes de que las máquinas llegaran, hubo un acto administrativo que pocos conocieron en su momento. A principios de enero de 2024, el Municipio de Lomas de Zamora emitió el decreto 133, que rescindió el comodato firmado apenas seis meses antes con Safatle. El argumento oficial fue la interrupción del financiamiento nacional tras el cambio de gobierno en diciembre de 2023. Sin fondos para la obra, el contrato quedó sin efecto.
Lo llamativo es que la rescisión fue silenciosa. No hubo comunicado oficial, no se informó a los vecinos que habían luchado años por el castillo, no se convocó a las organizaciones que habían participado en el proceso. El decreto simplemente anuló el acuerdo y dejó el edificio en una situación de indefinición que, meses después, se resolvió de la peor manera posible.
⚖️ La legalidad cuestionada
El proceso de demolición del castillo fue cuestionado desde múltiples frentes jurídicos y administrativos. Los concejales del CC-ARI y la UCR presentaron un pedido de informe al Ejecutivo y a la Comisión Evaluadora para conocer si se habían tramitado correctamente los permisos de obra, de modificación o demolición sobre el inmueble. La Ordenanza 16.084 establecía que cualquier intervención en edificaciones anteriores a 1960 debía pasar por la Comisión.
El concejal Alejandro Trotta (UCR) presentó un amparo judicial con el apoyo de los vecinos para intentar detener la obra. La acción judicial llegó demasiado tarde: para cuando el proceso judicial podría haber producido resultados, el castillo ya no existía. Esta velocidad inusualmente alta en la ejecución de la demolición fue señalada por los vecinos como parte de la estrategia para impedir que cualquier acción legal pudiera interrumpirla.
Lo que quedó en claro es que la demolición fue autorizada por el Concejo Deliberante —con los votos del PJ y La Libertad Avanza— alegando peligro de derrumbe. Ese argumento contrasta directamente con el estudio técnico de 2023 que declaró que el edificio estaba en buenas condiciones estructurales. Nunca se publicó un nuevo estudio técnico que justificara el cambio de diagnóstico.
🏛️ El contexto: un partido que destruye su patrimonio
El caso del castillo de Larroque y Croce no fue una excepción en la historia reciente del partido de Lomas de Zamora. Es parte de un patrón de destrucción patrimonial que los historiadores y vecinos llevan años denunciando sin que las autoridades adopten medidas efectivas de protección.
Aunque desde 2016 existe la Ordenanza N°16.084 que declara de interés público la preservación del patrimonio cultural, en la práctica esta normativa carece de cumplimiento efectivo. "No hay una dependencia oficial que se ocupe del patrimonio histórico en Lomas", denunció el arquitecto Letizia.
Entre los casos más emblemáticos de pérdidas patrimoniales recientes en el partido se cuentan:
- Les Bruyeres (Vergara y Chacabuco) — Mansión histórica demolida en 2011 para dar lugar al complejo "Les Bruyeres Towers & Spa", pese a años de campaña vecinal para preservarla.
- La casona de Las Heras al 100 — Demolida en 2022 sin cartel de obra ni información pública, a pesar de estar ubicada en una zona declarada como Área de Protección Urbana.
- Hotel Pereuilh de Temperley — El hotel construido a fines del siglo XIX por Juan Pereuilh, primer jefe de estación del ferrocarril, fue demolido en silencio: las obras se ejecutaron de noche, fines de semana y feriados para evitar la reacción vecinal. El predio frente a la estación de Temperley quedó vacío y sigue en venta.
- La quinta "La Beatriz" (Sarmiento y Garibaldi, Temperley) — Parte del conjunto arquitectónico y paisajístico de la antigua quinta de la familia Ley, donde vivió en Argentina el Conde de Luxburg.
- La casa de la pintora Leonie Matthis — Artista de reconocimiento nacional cuya casa también fue demolida sin protocolo.
El arquitecto Luis Letizia, que desde 1988 viene documentando el patrimonio arquitectónico de Lomas de Zamora —ese año realizó sus propios dibujos a mano del castillo de Larroque—, lo sintetizó ante La Nación con palabras que resuenan como una denuncia y un epitafio: "¿Ve? Este era un típico estilo de construcción de esa época, en esta zona, donde todo eran haciendas y estancias. Pero no los protegieron y fueron demolidos. Este es el último que queda en pie. Es un testimonio de nuestra historia." Lo decía en presente. Semanas después, ese testimonio también sería escombros.
🌿 Lo que pudo haber sido
El estudio de factibilidad realizado en 2023 había contemplado detalladamente lo que podría haber sido el castillo restaurado. El plan incluía:
- Un centro cultural con clases abiertas de yoga, folklore, piano y violín para los vecinos del barrio.
- Un café literario con presentaciones de libros y shows musicales en el espacio del primer piso.
- Un auditorio para eventos culturales de mediana escala.
- Una plaza con juegos infantiles en el parque, aprovechando el espacio verde en una zona que padece una grave falta de plazas públicas.
- Un ascensor externo para garantizar la accesibilidad sin modificar la disposición original del edificio.
- La restauración de los pisos de mármol y madera originales, los vitrales del porche y otros detalles que podían recuperarse.
Los vecinos de la página "Salvemos al Castillo" habían imaginado también un museo, una casa de la cultura, un centro de salud o incluso un espacio gastronómico de gestión privada. Lo que unía todas las propuestas era una convicción común: el castillo podía ser útil, podía ser vivo, podía ser de todos. No necesitaba morir para que el barrio avanzara.
El castillo no fue demolido porque era peligroso. Fue demolido porque nadie con poder real decidió salvarlo cuando podía hacerlo. Y esa es la diferencia entre una tragedia y una decisión.
📌 Datos curiosos y detalles que el tiempo borró
- Las iniciales A. P. grabadas en la puerta de entrada son el único rastro identificable del constructor Antonio Pebiani, quien también habría participado en otras obras de la época en el partido.
- El precio de "vacío a 5 pesos" que quedó en un cartel de la parrilla en el patio permitió a los investigadores datar esa etapa de uso en los años 90 previos a la convertibilidad plena.
- El estadio Tomás Adolfo Ducó de Huracán en Parque Patricios lleva el nombre del mismo dirigente que habría sido propietario del castillo y que usaba para concentrar a los jugadores del Globo antes de los partidos con Banfield.
- El sótano y el altillo con mirador del castillo sugieren que fue diseñado originalmente como vivienda privada de alta categoría, con la típica distribución de residencias de época: áreas de servicio separadas, habitaciones familiares diferenciadas y espacios de contemplación.
- El parque que rodeaba al castillo incluía palmeras de gran porte que eran anteriores a muchas de las construcciones del barrio actual y que también desaparecieron con la demolición.
- La cúpula del castillo, que era el rasgo arquitectónico más reconocible desde la calle, estaba en buen estado de conservación al momento de su demolición, según constataron los vecinos que la vieron caer.
- El arquitecto Letizia realizó dibujos a mano del castillo en 1988, cuando todavía era posible hacer esos registros. Esos dibujos son hoy uno de los pocos testimonios gráficos detallados que quedan de una construcción que ya no existe.
🔮 ¿Qué queda?
Luis y Claudia, fundadores del departamento histórico de Lomas de Zamora, siguen trabajando. Su objetivo, incluso después de que los edificios son reducidos a escombros, es que el lugar no quede en el olvido. Pelean para que haya al menos una placa, un reconocimiento, una memoria material que resista. Es un trabajo ingrato y muchas veces solitario, pero es el que alguien tiene que hacer.
La parcela donde estuvo el castillo permanece vacía. No se anunció qué uso tendrá. Nadie en el Municipio explicó qué proyecto reemplazará a lo que prometieron conservar. El silencio de las autoridades después de la demolición fue tan elocuente como sus promesas de 2023. Los vecinos que no quieren olvidar se reúnen simbólicamente cada 6 de cada mes para recordar la pérdida, una costumbre que nació espontáneamente en las redes del grupo "Salvemos al Castillo" y que se mantiene como acto de memoria colectiva.
🏚️ El "Castillo Espejo" de Banfield Este: el trágico precedente de la calle Rincón
La demolición del castillo de Larroque reabrió en los vecinos más antiguos del barrio una vieja herida que parecía cicatrizada por el paso de las décadas. Porque el castillo de Larroque no estuvo solo. Tuvo un hermano casi idéntico del otro lado de las vías.
Hacia el sector de Banfield Este, justo en la intersección de la calle Rincón y las vías del Ferrocarril Roca, se erigía otra monumental construcción residencial de fines del siglo XIX. Era lo primero que veían los pasajeros al llegar a la estación: una imponente casona de estilo ecléctico —mezcla de europeo continental con detalles de influencia inglesa— con torre mirador, cúpula y un parque generoso. Una postal que se repetía en cada llegada del tren y que quedó grabada en la memoria de generaciones de banfileños.
La similitud con el Castillo de Larroque era tal que la tradición oral y los relevamientos de la Junta de Estudios Históricos de Banfield siempre sostuvieron que ambas obras compartieron el mismo constructor. La hipótesis apunta a Antonio Pebiani —o a maestros de obra de su misma generación— como responsable de ambas edificaciones. Los rasgos compartidos eran inconfundibles: zócalos altos de mampostería pesada, ventanales con herrería artística forjada, torre mirador cilíndrica y el mismo lenguaje ecléctico con influencias europeas.
⚙️ La familia López Raggi y el alquiler al Ferrocarril
A diferencia del Castillo de Larroque —propiedad privada desde su origen— la casona de Rincón y las vías era propiedad del Ferrocarril del Sud, luego Ferrocarril General Roca. Durante años estuvo alquilada a la familia López Raggi. El pago del alquiler se hacía todos los meses de manera presencial en Plaza Constitución, la terminal ferroviaria de Buenos Aires. Un trámite mensual que unía el sur del conurbano con el corazón de la ciudad.
En 1978, la empresa ferroviaria le dio a la familia un plazo para desocupar la propiedad. En 1979, la casona quedó deshabitada. A partir de ese momento comenzó su declinación: primero el abandono, luego el deterioro progresivo de una construcción sin mantenimiento ni dueño activo, y finalmente la usurpación.
🔥 El incendio de 1988: tres niños solos y el guardabarrera que los salvó
El episodio final de la casona de Rincón y las vías quedó grabado en la memoria del barrio con la intensidad de los accidentes que involucran a niños. En 1988, el edificio estaba usurpado por una familia con tres hijos. Un día al atardecer, el matrimonio salió rumbo a Lomas de Zamora dejando a los tres chicos solos en la casona.
Jugando en el interior, los niños prendieron fuego por accidente una habitación. El incendio comenzó a propagarse. Fue el guardabarrera de las vías linderas quien los vio y corrió a rescatarlos. Los vecinos del entorno llamaron a los bomberos, pero —según testimonios de quienes vivieron el episodio— las unidades tardaron varios minutos inusualmente largos en llegar, algo que generó comentarios en el barrio dado que el cuartel más cercano estaba a apenas seis cuadras.
Los tres niños sobrevivieron gracias a la intervención del guardabarrera. Pero la casona no tuvo la misma suerte: el incendio dañó seriamente la estructura y terminó de sentenciar el destino del edificio. La demolición llegó a principios de los años 90, sin campaña vecinal, sin amparo judicial, sin ningún registro oficial. Solo el silencio de quien borra lo que no tiene valor para el municipio.
Hoy, en el predio donde se erguía ese palacete que los pasajeros del tren veían al llegar a Banfield, funciona una cancha del Club Atlético Banfield. Es una ironía que resume de manera perfecta la historia del patrimonio local: lo que podría haber sido un monumento, se convirtió en un campo de entrenamiento. No por maldad, sino por indiferencia.
Aquel desmantelamiento silencioso fue el primer aviso de lo que la desidia pública era capaz de hacer con el patrimonio del barrio. La historia terminó dándole la razón a los investigadores locales: lo que ocurrió con el Castillo de Larroque en 2025 es la herencia directa de la misma indiferencia que décadas antes hizo desaparecer el palacete de la calle Rincón.
Cuando el Castillo de Larroque cayó en 2025, no fue el primero. Fue el último. Y eso lo hace aún más imperdonable.
Banfield perdió el último palacete de su tipo en todo el partido. Perdió una construcción de fines del siglo XIX que había sobrevivido más de cien años de cambios, usos, abandono y deterioro. Perdió la posibilidad de tener un centro cultural en el corazón de Banfield Oeste. Perdió la credibilidad de un municipio que firmó un acuerdo y después lo ignoró.
Lo que no perdió —todavía— son los vecinos dispuestos a pelear. La comunidad que durante años juntó firmas, organizó jornadas artísticas y presionó a las autoridades sigue existiendo. Y su historia merece ser recordada: no como un fracaso, sino como la prueba de que el patrimonio colectivo se defiende desde abajo, con constancia y memoria, aunque el poder político decida que esa memoria es incómoda.
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