"El Hogar de niños Leopoldo Pereyra...viviendo en Banfield, desconociendo su existencia" Por Mariel Pimentel Hace cuatro años llegue al hogar de niños Leopoldo Pereyra, recomendada por una prima; hacía ya dos, que no vivía en Banfield. Me entere que estaban buscando familias sustitutas para los fines de semana y no dude en presentarme. El Hogar alberga treinta y tres nenes, de entre uno y once años, que son derivados del juzgado de Lomas de Zamora, por distintas razones; mal trato, abuso, situacion de calle, etc. Es un lugar de tránsito o tendría que serlo, pero muchos nenes llevan años ahí. Luego que nos hicieran una entrevista a mi esposo y a mi, Martín el asistente social vino a nuestra casa, para ver si era apta para alojar a una criatura (ambiental).
Una semana después llegaban a casa dos hermanitos, Antonio y Miguel, eran inseparables, si uno no comía , el otro tampoco, si uno lloraba, el otro también lo hacía.
Recuerdo que era invierno, un día íbamos a salir de paseo, los prepare con la ropita que traían del hogar en sus mochilas; le puse los guantes a Miguel y le dije ahora ponete la bufanda, y él me dijo "no, a mi me tocaron los guantes, la bufanda le toco a mi hermano Antonio".
Ese día, el primer día que los traje descubrí que el hogar tenía muchas necesidades. Puse a mi abuela a tejer y toda mi familia se puso en campaña para conseguir ropa de abrigo.
Nuestra primer visita al hogar, el día que fuimos a dejar a los nenes fue lo más feliz y lo más triste a la vez; los nenes nos recibieron con millones de besos y abrazos, pero cuando nos íbamos lloraban y se colgaban de nuestras piernas para que los llevemos con nosotros.
Una escena quedo grabada en mi memoria, mi esposo arrastrando su pierna con tres nenes colgando.
Antonio y Miguel vinieron a casa un par de veces más, luego Magali y Abigail. Gracias a Dios sus situaciones familiares mejoraron y volvieron a sus casas. Un día nos llamaron para pedirnos que pasáramos a buscar a un nene de cinco años, Luchito, el está en el hogar con sus tres hermanos.
Junto a Lucho aprendimos a querer al hogar como si fuera nuestro, nos involucramos, tocamos millones de puertas, unas se abrieron, otras no; llore de impotencia viendo a la directora haciendo malabares con la plata para llegar a fin de mes y saltamos de alegría cuando conseguimos frazadas para todos, pijamas, toallones.....
Discutí con las autoridades de la escuela de mi hija, por pedirme que colaborara con dólares para los hermanos Haitianos, les dije que jamás me habían pedido un peso para ayudar a nuestra gente.
El hogar se mantiene gracias a que dentro funciona un jardín de infantes y gracias a las donaciones de algunas empresas.
Hoy Luchito ya lleva cuatro años con nosotros, dos veces existió la posibilidad de adopción para nosotros y se frustro por que el juez prioriza a "los padres".
No me quejo porque seguimos disfrutándolo los fines de semana y vacaciones.
